“Visión de Anáhuac” de Alfonso Reyes

 

 

Ana Matías Rendón

 

América: ¿la región más transparente? América es un lenguaje inventado, ¿cómo podría ser de otro modo? América es una invención –ya lo decía Edmundo O’Gorman– la tierra encontrada por los viajeros fue un acontecimiento carente de significado hasta que se le concedió el propósito de las ambiciones y los sueños de conquista, entonces ellos dispensaron sentido a diestra y siniestra, sin reparo alguno, sin conciencia del futuro: gestaron un ser. A partir de ese momento a América se le concedió significación –posiblemente–, jamás la palabra para nombrar tuvo mayor implicación que en el mal llamado “descubrimiento”. Un lenguaje nuevo nació, a trompicones, con claras referencias de dominación europea, pero con sincretismos indígenas y la negada por el color de la esclavitud, que está presente sin querer aceptarlo: del mestizaje contradictorio.

El imaginario desbordado con la era de los descubrimientos. Siglos atrás, el viajero de Oriente, dejaría una cartografía de ensueños para el último de los cruzados, entonces el marinero genovés abriría la ruta para la gran novela caballeresca del primer Quijote, de la tierra de Castilla, con su fiel escudero, a cuyo texto, le darían el nombre de la verdadera historia, ¿quién podría cuestionarlo? Los gigantes de molinos – ¿no es que al nacer después el relato de Cervantes, América ya traía la semilla del fanatismo?–, sin embargo, no serán necesarios en el Mundus Novus, este territorio lo tiene todo, incluyendo sus propios demonios.

La recreación del pasado sólo puede hacerse con otro lenguaje. ¿Cómo regresar a una tierra que corta el tiempo? Octavio Paz, dijo de Alfonso Reyes, que nos da una lección de expresión, y como buen maestro, nos muestra la fidelidad al lenguaje. Visión de Anáhuac es un texto dividido en cuatro estaciones, cuyas paradas se definen por los grandes momentos que se produjeron a partir del viaje colombino, prolongado por la conquista y el coloniaje.

 

Uno

Las estampas sobre el Anáhuac son narraciones que rivalizan con el Libro de las maravillas o el Diario de a bordo, transcripción de Las Casas, ¿ha sido América, o en un sentido estricto México, sólo una narración literaria a la que se le ha dado fundamento epistemológico? ¿Alguna tierra escapa a la fundación mítica de la poesía y la narración? La visión de los vencidos es otra transcripción narrativa y poética de los acontecimientos, recreación escrita de los cantos orales de la derrota; el Coloquio de los doce, la reproducción del diálogo sostenido por los tlamatinimes y los doce franciscanos, hecha por los sobrevivientes; la Historia General de las cosas de la Nueva España de Sahagún, el testimonio plasmado de los indios informantes de las cosas vistas u oídas. Silenciada la lengua originaria, la impuesta cobró esplendor. La narración conlleva un discurso, discurrir es dotar de sentido. México se conformó por narraciones, ¿por qué tendría que ser diferente la recreación de Reyes? En el mejor de los casos, ¿por qué Reyes no podría construir un nuevo paradigma?

Los ojos se detienen en el nuevo arte de naturaleza que propone el autor: “En sus estampas, finas y candorosas, según la elegancia del tiempo, se aprecia la progresiva conquista de los litorales; barcos diminutos se deslizan por una raya que cruza el mar; en pleno océano, se retuerce, como cuerno de cazador, un monstruo marino, y en el ángulo irradia picos una fabulosa estrella náutica”.

La naturaleza muestra dos aspectos opuestos –dice Reyes. La América de la Utopía de Tomás Moro, espacio literario para los sueños de Europa, un paisaje  que causará el romanticismo de Chateaubriand, la crítica de Shakespeare, pero el mexicano muestra una mirada a pájaro en vuelo, con la exaltación que permite las oraciones cabalgadas de imágenes, por un lado, de la bochornosa vegetación que roba la fuerza de pensar y, por el otro lado, la voluntad alerta y el pensamiento claro: “La llanura castellana sugiere pensamientos ascéticos: el valle de México, más bien pensamientos fáciles y sobrios. Lo que una gana en lo trágico, la otra en plástica rotundidad”.

Pero el viaje iniciado por Reyes, pronto hace oír en la lejanía las vestiduras de metal y el arrastre de la cruz de madera sobre la tierra cálida, dejando un surco por su paso, así se dejará poco a poco, las narraciones descriptivas para convertirse en crónicas de conquista.

Dos

El mundo indígena se abre en un close up hasta la totalidad de la escena. Las historias moriscas se convierten en la novela caballeresca de Bernal Díaz de Castillo, sobre las cosas jamás vistas ni escuchadas. ¿Cambia en algo que Christian Duverger haya puesto en tela de juicio la redacción del texto en Crónica de la eternidad, para afirmar que fue el mismo Hernán Cortés el autor de la Historia verdadera? ¿O esto pone de manifiesto la “fuerza plástica” de la narración literaria como generadora de sentidos?

Cortés redacta las relaciones para los oidores del Emperador, informando la avanzada de la guerra, escritas en el campo de batalla, en tanto Díaz de Castillo hace una recreación posterior de las crónicas, pero en ella se centra la atención de los conquistadores sobre la vida en la ciudad: “Uno es la casa de los dioses, otro el mercado, y el tercero el palacio del emperador”.

Siguen las descripciones de los hombres. Cortés escribe sus cartas llenas de frases admirativas, conforme avanza hacia Tenochtitlán se siente extasiado por la ciudad, las personas, la arquitectura, al grado que las palabras no le alcanzan para narrar la grandeza que tiene ante su vista: “que no hay lengua humana que sepa explicar la grandeza y particularidades della”; expedito, no obstante, su mirada se posa sobre las riquezas.

Mientras Bernal Díaz, se maravilla de la feria, en palabras rescatadas por Reyes, dice: “El zumbar y ruido de la plaza —dice Bernal Díaz— asombra a los mismos que han estado en Constantinopla y en Roma. Es como un mareo de los sentidos, como un sueño de Breughel, donde las alegorías de la materia cobran un calor espiritual”. Los colores, y perfumes, de la plaza y el mercado lo extasían, dice la Historia verdadera: “Después de bien mirado y considerado todo lo que habíamos visto, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella había, unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las voces y palabras que allí sonaba más que de una legua”.

La admiración que suscita la ciudad de Tenochtitlán en los militares deviene en el horror con las prácticas, visión que se expande y se fortalece con los franciscanos en el siglo XVII: “Pero las calaveras expuestas, y los testimonios ominosos del sacrificio, pronto alejan al soldado cristiano, que, en cambio, se explaya con deleite en la descripción de la feria”, así los indígenas se convierten en los enemigos herejes, dignos de ser castigados.

Tres

Reyes se concreta en su lenguaje: la poesía. La flor es la manifestación de la vida indígena y de su lenguaje, ¿cómo podría sostenerse una sin la otra? Tal vez, por ello, Reyes encuentra en el lenguaje florido cierta cercanía, que lo lleva a la última estación sobre la poesía.

¿Cómo se enfrenta la tragedia? ¿Cómo aceptar el propio nacimiento a partir de la violación, sino aceptando que se madura sin la compasión de la vida? Reyes deja de seguir las huellas descriptivas de los primeros viajeros y conquistadores para profundizar sobre las implicaciones: “La era histórica en que llegan los conquistadores a México procedía precisamente de la lluvia de flores que cayó sobre  las cabezas de los hombres al finalizar el cuarto sol cosmogónico”.

La poesía indígena, es decir, la voz de una vida y un mundo perdido se extingue en las derrotas:

HAY QUE lamentar como irremediable la pérdida de la poesía indígena mexicana. Podrá la erudición descubrir aislados ejemplares de ella o probar la relativa fidelidad con que algunos otros fueron romanceados por los misioneros españoles; pero nada de eso, por muy importante que sea, compensará nunca la pérdida de la poesía indígena como fenómeno general y social.

Lo que se conoce son las recreaciones de los españoles, humanistas, franciscanos y cronistas. En los cantos tristes de La visión de los vencidos se lee:

Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo, pero
ni con escudos puede ser sostenida su soledad.

 

El vasto territorio queda en la oscuridad, en la soledad, sin lengua, sin poesía, sin flor. Todo pensamiento muere sin su lengua. Flor y canto era la filosofía y la poesía náhuatl: lenguaje que sostenía la cosmovisión y la vida cotidiana: “La imagen de las flores es frecuente como una obsesión”. El poeta náhuatl deja de buscar las flores y se pierde en el Mundus Novus.

Cuatro

El final del ensayo es breve, pero no por ello, menos sustancioso. ¿Cuál colofón es el pertinente? Aquél que no se adueña de las perpetuaciones absurdas ni de la nostalgia que sólo sirve para la inacción, sino el que nos une en comunidad; el pasado es el motivo para un alma común: “Pero cuando no se aceptara lo uno ni lo otro —ni la obra de la acción común, ni la obra de la contemplación común—, convéngase en que la emoción histórica es parte de la vida actual, y, sin su fulgor, nuestros valles y nuestras montañas serían como un teatro sin luz”.

¿A dónde nos ha conducido Reyes? A la región más transparente, al lenguaje de la re-creación, por ello, Octavio Paz  dice que “la importancia de Reyes reside sobre todo en que leerlo es una lección de claridad y transparencia. Al enseñarnos a decir, nos enseña a pensar”. Reyes crea el territorio de la transparencia con el lenguaje, crea una nueva visión sobre el pasado para recrear el presente, todo está en la forma en cómo entendemos nuestro pasado.

 

 

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